Un resumen
Una jornada mensual de donaciones en Watsonville ofrece a las familias de trabajadores agrícolas acceso a alimentos, ropa, pañales, juguetes y disfraces de Halloween, mientras enfrentan el aumento de los costos de vivienda y otras dificultades económicas. Los voluntarios dicen que la iniciativa va más allá de los bienes materiales: también es una forma de demostrarles a las familias que su comunidad se preocupa por ellas.
En el interior del Watsonville Woman’s Club, una tarde de viernes, una niña mueve las alas peludas de su disfraz de flamenco rosa y blanco mientras sonríe radiante frente a un espejo.
Por fin, ha encontrado el disfraz de Halloween adecuado. Tuvo que probarse varios: algunos le quedaban demasiado grandes y otros, demasiado pequeños. Ahora, no puede dejar de sonreír mientras la cabeza del flamenco, sujeta a la capucha, se balancea de un lado a otro.
Sale corriendo a buscar a sus padres entre un mar de personas que empujan carritos llenos de alimentos, pañales, toallitas húmedas para bebés, ropa, cobijas, juguetes y disfraces.

El segundo viernes de cada mes, el Center for Farmworker Families organiza una jornada de distribución en Watsonville, donde los trabajadores agrícolas locales y sus familias pueden recoger artículos donados. Este mes, alrededor de 200 trabajadores agrícolas hacen fila afuera del club de mujeres.
“Las personas que viven y trabajan en comunidades agrícolas suelen enfrentar dificultades económicas muy significativas,” dijo Katie Gabriel-Cox, integrante de la junta directiva del Center for Farmworker Families. “Al proporcionar estos artículos, esperamos aliviar algunas de las dificultades económicas inmediatas y los desafíos que estas personas enfrentan mes tras mes.”
Una nueva ley en California elevará el salario mínimo de los trabajadores agrícolas a aproximadamente $19.75 por hora. Sin embargo, según un estudio de 2026 de la National Low Income Housing Coalition, los residentes necesitan ganar alrededor de $81.04 dólares por hora para poder pagar el alquiler de una vivienda de dos habitaciones en las zonas de Santa Cruz y Watsonville.
Brenda Eskenazi, profesora de salud pública de la Universidad de California en Berkeley, afirmó que los trabajadores agrícolas enfrentan diversos desafíos sociales. Ha realizado varios estudios sobre la salud de los trabajadores agrícolas hispanos y sus familias a lo largo de la costa central de California.
“Los trabajadores agrícolas no tienen muchos derechos y no cuentan con mucho dinero. Y muchos de ellos sufren inseguridad alimentaria, lo cual es irónico,” dijo Eskenazi.
Una trabajadora de una plantación de fresas, que pidió permanecer en el anonimato, colaboró como voluntaria en la jornada de donaciones, una actividad que anteriormente había organizado en su propia casa. Después de trabajar en los campos durante más de 30 años, dijo que ser voluntaria es una manera de ayudar a la comunidad.
“Es importante porque, como personas que trabajamos en la agricultura, no nos pagan lo suficiente para cubrir el alquiler, la comida, las facturas y la ropa de nuestra familia,” dijo la trabajadora en español.
La vivienda para los trabajadores agrícolas ha sido durante mucho tiempo un problema en el Área de la Bahía de San Francisco. En 2023, un trabajador agrícola mató a siete personas en una granja de hongos en Half Moon Bay. El tiroteo masivo llamó la atención sobre las condiciones de vivienda deficientes, incluidos los informes de trabajadores agrícolas que vivían en cobertizos y contenedores de carga. La masacre llevó a algunos funcionarios a impulsar la construcción de más viviendas para trabajadores agrícolas. Tres años después, las autoridades de Half Moon Bay enfrentan una presión cada vez mayor para aprobar un proyecto de vivienda asequible destinado a estos trabajadores.
Durante los últimos 30 años, dijo Eskenazi, los precios de la vivienda se han disparado a lo largo de la costa central, donde viven y trabajan muchos trabajadores agrícolas.
“Estamos hablando de un gran problema social: algunas de las tierras más caras se encuentran precisamente en los lugares donde los trabajadores agrícolas cultivan,” señaló.
Esta realidad preocupa especialmente a la trabajadora de la plantación de fresas.
“El alquiler es muy caro. Para una familia, pagar entre $3,000 y $4,000 por una vivienda es muy difícil,” ella dijo.
Otra trabajadora del sector de las bayas, que también pidió permanecer en el anonimato, recogió arroz, frijoles, verduras, zapatos y ropa durante la jornada de donaciones. Ha asistido al evento durante los últimos dos años, desde que se mudó a Watsonville.
“Me ayudan mucho porque me dan jabón, champú y muchas cosas. También me dan ropa, y muchas de las prendas son nuevas y todavía tienen sus etiquetas,” dijo en español.
Algunos disfraces de princesa llaman su atención. Levanta dos opciones para mostrárselas a una voluntaria: uno es más rosa y el otro, más morado; ambos tienen brillantes adornos. Le pregunta cuál de los dos vestidos sería mejor para su hija.
Después de intercambiar algunas opiniones, coloca el vestido morado en su carrito.
Jacqueline Cisneros, de 45 años, condujo durante más de una hora desde su casa en San José para ofrecerse como voluntaria en el evento.
Cisneros dijo que comenzó a trabajar como voluntaria en agosto, después de escuchar a un diácono de su iglesia, la Iglesia Católica Santa Teresa, hablar sobre su labor con las familias de trabajadores agrícolas.
“Vivimos en una burbuja en el Área de la Bahía, donde la riqueza sigue acumulándose en la cima, mientras que quienes ya están pasando dificultades se quedan cada vez más rezagados,” afirmó. Con todo el acceso que tienen a la educación y a los recursos financieros, quiere “compartir parte de esos conocimientos y recursos con otras personas que no tienen los mismos privilegios que nosotros.”
Otro voluntario, Eric Chuang, de 62 años, reparte paquetes de pañales y toallitas húmedas mientras las personas avanzan por la fila. Es la primera parada de la jornada después de que los trabajadores agrícolas atraviesan la entrada, flanqueada por percheros llenos de disfraces.

Chuang es voluntario de Tzu Chi, una organización internacional budista de ayuda humanitaria fundada en Taiwán que cuenta con una filial en San José. Explicó que Tzu Chi comenzó a apoyar a los residentes de Watsonville en 2023, después de las inundaciones de Pajaro, cuando muchas personas perdieron sus hogares y se vieron obligadas a evacuar. La organización proporcionó ayuda de emergencia mediante el envío de tarjetas de regalo Visa a los residentes.
“Todos formamos parte de la humanidad que vive en este mundo. Hoy tengo la suerte de poder mantenerme por mis propios medios, pero no todo el mundo está en esa situación,” dijo Chi.
Al finalizar la jornada de donaciones, Cisneros barre el suelo. Quiere demostrarles a las familias de trabajadores agrícolas que “no son invisibles, que las vemos y que estamos aquí para apoyarlas.”
Los miembros de la comunidad pueden visitar el sitio web del Center for Farmworker Families para donar artículos usados que estén en buenas condiciones.



